El 5 de enero de 1960, era asesinado el maqui Quico Sabaté tras toda una vida dedicada a la lucha por la anarquía

Un buen momento para recordar a todos/as aquellos/as mujeres y hombres que, una vez perdida la guerra, siguieron su lucha contra el fascismo.

Este mes volvemos a dar cabida en el periódico a la categoría de Memoria Histórica. Uno de los aspectos más gratos de esta sección es la posibilidad de estudiarla más allá de los libros y demás información escrita, pues son muchas las muestras que podemos encontrar en la geografía española. Nos referimos, concretamente, a la posibilidad de seguir los pasos de aquellos/as que lograron escapar de las tropas nacionales y mantener la llama de la lucha viva desde bosques y montañas, que se refugiaron en cuevas y encontraron y crearon pasos para burlar a quienes les buscaban, así como para ayudar donde se les necesitaba, trasladando a otros/as en situación de apuro, llevando y trayendo información y golpeando donde buenamente podían.

Aprovechamos para combinar, pues, un poco de campo y ejercicio físico con la historia de nuestros/as abuelos/as. Creemos firmemente que, como a principios de siglo, salir de excursión con nuestros/as compañeros/ as y vecinos/as es una forma de socialización estupenda y saludable, que nos permite generar nuevos lazos y relacionarnos de una manera distinta, con el apoyo mutuo como eje para seguir avanzando.

El hilo del que tiramos este mes gira en torno al maquis. Suele ser en mayo y junio cuando varios colectivos que trabajan el tema de la memoria histórica organizan marchas y actividades en recuerdo de estos/as guerrilleros/as, por lo que nos animamos a recomendar un libro, una ruta que parte de Mataelpino (a menos de una hora de Madrid) y la XIV Marxa homenatge al maquis, enmarcada en la XII Ofensiva contra l’oblit.

Un breve repaso

A lo largo de la Guerra Civil (1936-39) comienzan a proliferar guerrillas de resistencia, conocidas como Maquis. El periodo de máxima actividad tiene lugar entre 1938 y los años 50, sin embargo no se da por concluido hasta las muertes de Quico Sabaté (1960) y Ramón Vila (1963).

Con la caída de la II República se produce un ascenso del número de fugitivos/as que huían de las represalias o se negaban a entregar las armas y buscaban refugio en zonas montañosas, donde poco a poco se fueron organizando y llevando a cabo distintas acciones, centradas en el sabotaje a las vías de comunicación (vías del tren, líneas eléctricas, etc.), recuperando pueblos, difundiendo propaganda, realizando acciones contra la Guardia Civil y otras personas afines al régimen fascista, atracos y expropiaciones… Es importante recalcar la ayuda que recibían por parte de los enlaces, que se jugaban la vida colaborando en el flujo de información y abastecimiento a las guerrillas.

El maquis anarquista

En este apartado recurrimos a una entrevista que realizó Solidaridad Obrera (número 315, abril de 2003) a la historiadora Dolors Marín, a raíz de la publicación de su libro Clandestinos, que reseñamos en estas mismas páginas. La entrevista íntegra se puede consultar en www.sindominio.net/marxa-maquis/IMG/_article_PDF/article_80.pdf

[…]Lo interesante es que el maquis no pertenezca sólo a la memoria de un grupo […], sino que entre por fin en la memoria colectiva. Eso sí, sin olvidar las particularidades de este movimiento: que estuvo integrado mayoritariamente por anarquistas organizados en grupos de afinidad tendencia que ya arranca de la Alianza bakuninista y sin jerarquización ni dirigismo; que su carácter fue generalmente ofensivo, frente al caso de otros maquis, siempre replegados y defendiéndose del acoso policial y militar, echados al monte; que este carácter ofensivo lo relaciona con los distintos intentos del Movimiento Libertario encaminados a matar a Franco, lo cual también es coherente con la trayectoria magnicida del anarquismo; y que no se puede acusar a los maquis de ingenuidad política, ya que su lucha siempre estuvo encaminada a posibilitar la recuperación de condiciones objetivas desde las que reconstruir todo el tejido asociativo, educativo y sindical, que el anarquismo había construido en la Península.

El trato mediático

El franquismo los despachó como bandoleros y delincuentes comunes, expediente dócilmente repetido por la prensa de la época. Tras el pacto de Silencio que supuso la Transición, llegó la tendencia a recuperar la Memoria Histórica y a buscar y difundir los movimientos de resistencia al franquismo, que tiene un punto álgido en los 2000 con la edición de varias películas, documentales y libros. Sin embargo, muchas veces cayó en el recuperar determinadas personalidades, es decir, convertir al bandolero en héroe a costa de eliminar su vocación revolucionaria y libertaria y tildarlo de luchador por la libertad y la democracia. Por las ideas por las que aquellos/as luchadores/as murieron, siguen encarcelando y persiguiendo “a sus descendientes” en la actualidad.